R.M. MARÍA AMADA SÁNCHEZ MUÑOZ

Fundadora de las  Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús

Y de Santa María de Guadalupe

 

 

    Nació en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, el día 7 de septiembre de 1895, de padres profundamente cristianos, fue bautizada el día 12 del mismo mes, en la Parroquia de Jesús, en Guadalajara, Jalisco.

 

Pasó sus primeros años y parte de su juventud en el hogar paterno, en el que recibió una esmerada educación de parte de sus padres. Allí se inició en la práctica de las virtudes humanas y cristianas.

Tuvo que sufrir algunas penas a causa de las enfermedades que aquejaron a sus padres en varias ocasiones, y a ella misma.

 

Desde muy pequeña mostró grande amor a la divina Eucaristía y una compasión muy grande por los pobres. Su vida cristiana se alimentó de los sacramentos desde su niñez, y fue continuada en su adolescencia, lo cual fue preparando a la MUJER FUERTE de probada caridad que, con grandísimo cariño y generosidad, supo sacrificarse por los sacerdotes y demás personas consagradas a Dios y por los más desamparados.

 

Aprovechando las cualidades con que Dios la dotó y con gran amor al estudio, terminada su instrucción primaria superior, inició su carrera magisterial en la Normal Católica para Señoritas en su ciudad natal; allí fue para sus compañeras, ejemplo de comportamiento y amor al estudio.

 

Cuando tuvo oportunidad, antes de ingresar a la vida religiosa, dedicó su empeño en enseñar a los campesinos de la Hacienda de Copala en la que trabajaban sus padres, no sólo lo elemental de la ciencia humana, sino también los instruía en lo esencial de la fe cristiana.

 

Sin duda alguna Dios la atraía a la vida religiosa y ella no dudó en entregarse de lleno a su santo servicio, para lo cual solicitó su admisión en la orden del Verbo Encarnado y del Santísimo Sacramento y fue recibida en el Monasterio de Mascota, Jalisco, recién fundado. Ya antes había intuido que la vida religiosa era vida de oración, de silencio, de mortificación y práctica de virtudes y a ella se entregó con gran confianza de que Jesús sería su maestro que la iría conduciendo por este camino.

 

Desde los primeros días de su estancia en el Monasterio, fue dedicada a la labor docente, y a las ocupaciones domésticas que desempeñó con gran responsabilidad.

 

Cuando la Iglesia Católica, en la República Mexicana, sufría la recién persecución antirreligiosa de 1926, la Madre María Amada recibió la inspiración de fundar una Congregación de Religiosas que se dedicaran a la catequización y formación de los pobres, valiéndose especialmente del trabajo docente, pues veía que la inmensa mayoría de los niños de nuestro pueblo estaban en manos de maestros que no podía menos de complacer a un gobierno, cuyo fin era quitar a Dios de las escuelas y acabar con la fe de ellos.

 

Con el consejo y ayuda de sacerdotes de la Compañía de Jesús, se lanzó a la realización del proyecto madurado en la oración y en la mortificación. Por motivo de la misma persecución y a causa de su poca salud, fue enviada por su superiora a la casa de sus padres a donde Dios le mandó las primeras vocaciones para la Obra, y la buscaban antes de conocerla.

 

Fueron manifiestas las señales de que Dios protegía la Obra; a pesar de las dificultades tan serias con que tropezaba la fundadora, pues estaba convencida de que el Corazón de Jesús se la pedía.

 

Para continuarla, tuvo que desligarse de la Orden del Verbo Encarnado y del Santísimo Sacramento. Una vez libre de sus compromisos con las misma, se dedicó exclusivamente a los trabajos de su fundación. Ella edificaba en medio de la recia tempestad de pruebas que Dios le enviaba para acrisolar su virtud y la de sus hijas.

 

Sufría hondamente al considerar la escasez de sacerdotes en ese rincón de nuestra Patria y frecuentemente se le oía decir con sentimiento: “Mis hermanos necesitan al sacerdote para ser incorporados a la Iglesia de Cristo”.

 

La voz apremiante del divino Corazón de Jesús. Le urgió a la fervorosa Madre, la fundación de la rama masculina de la Congregación. Reunió un grupo de jovencitos, preparó una pequeña casa que pudo conseguir el P. Teodosio Martínez Ramos, Vicario de la Parroquia de Azcapotzalco, y el día 3 de junio de 1938, dio principio la escuela apostólica de la que sería la Congregación de Misioneros del Sagrado Corazón y de Santa María de Guadalupe. La Madre María Amada, conoce que el Padre Teodosio es el que deberá llevar adelante en a Iglesia esta obra.

 

Sin duda la misión de la R.M. María Amada, de amar al Corazón de Jesús y de hacer que sea amado, arrancó de los misterios de la cruz, de los que fue grande enamorada.  En ellos contempló ese Corazón herido, ejemplar perfecto de todas las virtudes y fuente de verdadera santidad.

 

Vivió siempre para los demás, anhelando que su vida fuera siempre una entrega perfecta al servicio del prójimo, estando siempre dispuesta a remediar las necesidades espirituales y corporales que estaban a su alcance, especialmente de las personas más pobres y desamparadas, que iba a ella en demanda de ayuda, y manifestaba frecuentemente el deseo de morir entre sus “inditos”.

El día 4 de febrero de 1967, dejando en esta tierra el olor de sus virtudes. Tres horas de agonía antecedieron a su encuentro final con Cristo. El 7 de febrero, fueron inhumados sus restos en el panteón jardín de la Ciudad de México.