

Una espiritualidad centrada en la amistad y la configuración con el Corazón de Jesús, con espíritu de amor y reparación...
"El Amigo"
El Sagrado Corazón de Jesús es el Centro de nuestra espiritualidad. Queremos construir su reino, por eso, el ideal de todo Misionero del Sagrado Corazón y Santa María de Guadalupe es lograr la configuración, cada día más plena, con este Corazón que tanto ama a los hombres. Esta configuración es un proceso progresivo, continuo, diario. La meta que queremos lograr es reproducir en nosotros las virtudes del Corazón de Jesús, especialmente:
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· La sencillez. |
· El celo. |
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· La humildad. |
· El amor a los pobres |
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· La abnegación. |
· La pureza de corazón. |
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· La entrega. |
· La solidaridad. |
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· La confianza. |
· El sacrificio. |
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· La obediencia. |
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Solamente en la medida que esta configuración se va logrando en cada uno de nosotros, podemos ser llamados, realmente, Misioneros del Sagrado Corazón y Santa María de Guadalupe.
Como herencia de nuestro Padre Fundador, Teodosio Martínez Ramos, M.S.C. hemos recibido el trato amistoso con el Corazón de Jesús, a quien llamamos "El Amigo."
Esta espiritualidad nos impulsa a vivar la experiencia de amistad entre nosotros, mediante la fraternidad en la vida de comunidad. El centro de vida y trabajo apostólico de nuestras comunidades es Jesús en el Sacramento de la Eucaristía, por el cual sentimos un gran aprecio y un especial amor. De aquí se desprende la intensidad de nuestra vida interior, en clima de oración, que nos lleva a reparar y reconstruir lo que el pecado va dañando y destruyendo en nosotros, en los demás y en el mundo. Esta actitud hace que nuestro celo apostólico sea mayor, y hace eficaz nuestro apostolado.
Así como la Iglesia brotó del costado abierto de Jesús, podemos decir que nuestra Congregación es fruto del gran amor que nuestro Padre Fundador tuvo hacia el Sacramento de la Eucaristía. Siguiendo su ejemplo, cada uno de los Misioneros del Sagrado Corazón, le damos a la Eucaristía una especial adoración, tomando parte activa en la celebración de la Santa Misa, recibiendo frecuentemente el Cuerpo de Jesús y dándole culto de adoración, con espíritu de amor y reparación en el Sagrario. El Sagrario es el centro vital de nuestras comunidades. Ante él descargamos nuestras penas, preocupaciones, problemas y necesidades; ante él ponemos nuestras debilidades y fallas, a el llevamos las necesidades de nuestros destinatarios y de todas aquellas personas que nos piden hacer una oración por ellas.
Esta espiritualidad lleva a hacer de nuestras vidas una continua oblación, adoración, sacrificio y reparación cuyo cimiento es la Eucaristía, base de la vida de todo cristiano.
El reino del Corazón de Jesús debe construirse entre los hombres; nuestra espiritualidad debe ser contagiada a otros, especialmente a los destinatarios concretos de nuestra misión, los campesinos, indígenas y obreros, y a toda persona de buena voluntad que quiera amar al Corazón de Jesús, que desee ser amigo del Amigo, que esté dispuesta a amarlo y a reparar los daños que en el mundo y la sociedad causa el pecado. Con este fin, Nuestro Fundador creó la Liga de Amigos de Jesús Sacramentado, que nosotros seguimos difundiendo entre los fieles.
...y en un gran amor y devoción a Santa María de Guadalupe.
"María es mi Madre y gran Señora"
"Ella es Madre de mi vocación y de esta Congregación"
(Teodosio Martínez Ramos, Fundador MSC)
La devoción a Santa María de Guadalupe es una preciada herencia recibida de nuestro Padre Fundador. Él le tenía gran amor y devoción: diariamente rezaba el santo rosario y realizaba otras prácticas piadosas y sagradas para manifestar su amor a la morenita del Tepeyac.
Nuestro Fundador consagró la Congregación a Santa María de Guadalupe, y nos dejó así el compromiso de seguir su ejemplo misionero, que nos estimula a entregarnos, de una manera comprometida, a la implantación del Reino de Dios, que quiere la salvación de todos los hombres.
En sus apariciones a Juan Diego en el Tepeyac, María se dirige a los más pobres, y desde ellos, busca la salvación de todos.
En nuestra espiritualidad, María de Guadalupe es modelo de íntima comunión con el Corazón de Cristo; modelo de colaboración en la obra misionera y salvífica de Jesús; modelo de evangelización y sufrimiento, de fe activa, de diálogo y de servicio, de comunión con los hermanos, hasta convertirse en testimonio de amor misericordioso al pobre, cuyas necesidades busca remediar y cuya colaboración promueve en la obra de salvación de todos.
A ella confiamos nuestra consagración a Dios y nuestra misión en la Iglesia. Ella formó el Corazón de Jesús, así esperamos que nos forme a nosotros, acompañándonos en nuestro ministerio. Bajo su guía, trabajamos con creatividad, audacia y espíritu festivo, con una vida generosa y abnegada, para que cuanto emprendamos, de fruto y sea eficaz. Queremos progresar, como ella, en la fe, para presentarnos ante los hombres como fieles administradores de los dones de Dios.
